Regulación
Argentina
Omar Méndez
Nov15,2013
Algo que estaba a punto de ocurrir, y que ocurrió finalmente este jueves 14 de noviembre, hermana el suceso con la confrontación más cruenta de la historia de Argentina entre un medio de comunicación y un gobierno nacional. Telecom Italia, que tiene como accionista sobresaliente a Telefónica de España, confirmó la aceptación de la oferta recibida de Fintech por el 22,7% de Telecom Argentina, una de sus filiales sudamericanas, por US$960 millones. Conciden en el remate de la situación, la necesidad urgente de fondos de Telecom Italia para reducir su deuda –valorada en cerca de €29.000 millones–, el requisito perentorio de Telefónica para no quedar como infractor de competencia en Argentina y Brasil, y el destrabe, por parte del máximo tribunal de Justicia de Argentina, de la Ley de Medios, gestada por el Gobierno de la presidente Cristina Fernández de Kirchner para someter a su enemigo público número uno, el Grupo Clarín.
“Es la única oferta. La hemos aceptado porque en este momento tenemos la necesidad de reequilibrar nuestra estructura patrimonial”, había reconocido hace un par de semanas el delegado de la compañía europea, Marco Patuano. Ni él ni su representada dijeron entonces el nombre del comprador aunque era vox populi que se trataba del fondo de inversión Fintech, controlado por el mexicano David Martínez. Salvo alguna movida extraordinaria, la decisión del empresario implica el abandono del 40% de participación en Cablevisión, y el final de su sociedad con el Grupo Clarín.
TELEFÓNICA LIMPIA SU CAMINO
Telecom Argentina y Telefónica tienen en sus manos las telecomunicaciones en el país más austral, desde los años noventa, cuando el entonces presidente Carlos Menem (1989-1999), peronista como los Kirchner, selló con las operadoras europeas un duopolio extraordinariamente conveniente para ambas.
Cuando tomó la mitad del país, la parte norte, como operador único (Telefónica se quedó con el sur), Telecom Argentina pertenecía a Telecom Italia y France Télécom. La crisis de la economía argentina en 2002 convenció a France Télécom de que lo mejor era irse, y vendió su participación al grupo argentino Werthein. Telecom Italia quedó con su actual 26,9%, y Werthein con 8,9%.
En la actualidad la situación de Telecom Italia es realmente comprometida. El tamaño de su deuda ha llevado a la evaluadora de riesgo Moody’s a darle la peor de las calificaciones, es decir, basura.
A comienzos de octubre pasado, Franco Bernabè presentó su dimisión como presidente y consejero delegado de Telecom Italia, luego de confirmar que su plan para evitar la desinversión en empresas del grupo, especialmente en las de América del Sur, no tenía futuro pues no contaba con el apoyo de los principales accionistas. Un gran escollo era el del consorcio Telco, dueño del 22,4 del grupo, que discrepaba en un todo con el plan de Bernabè de inyectar €6.000 millones, en tramos urgentes, el primero por €3.000 millones, a través de una ampliación de capital. En su lugar, se inclinaba por la necesidad de vender las filiales en Brasil y Argentina, con el fin de enderezar la crítica situación financiera de la operadora.
Telefónica y sus socios italianos de Telco (Intesa Sanpaolo, Generali y Mediobanca) tenían acordado desde setiembre allanarle el camino a la española para que pase a controlar hasta el 70% del consorcio, con la opción abierta de compra de la totalidad.
El punto de vista de César Alierta, jefe de Telefónica, y la del resto de accionistas que apoyaban la desinversión, forzó la renuncia de Bernabé y su reemplazo por Marco Patuano. Lo que sigue es lo desvelado en Milán en las últimas horas: Telecom Italia vende su tercera operadora más grande de telecomunicaciones (detrás de las de Italia y Brasil). También venderá 17.000 torres en territorio brasileño y en Italia y las salas de cine en su país. En paralelo, emitirá deuda por €1.300 millones. La venta de la empresa argentina deja, de momento, con el interrogante abierto la desinversión en su filial brasileña TIM, que compite con Telefónica, la local Oi y la mexicana Claro. La salida de Telecom Italia de Telecom Argentina es funcional a Telefónica pues de no haberse efectivizado, la ampliación del capital en Telco hubiese complicado más sus irregularidades con Competencia en el país del sur.
En la empresa de España se rechaza la posibilidad de optar por el 100% del consorcio. "La estructura del nuevo acuerdo es muy clara: Telefónica no puede tener más del 49% en Telco. No tenemos intención de ejercitar la opción de compra", aclaró rápidamente Alierta a un diario italiano. La toma del total le crearía serios problemas de competencia en Brasil
En 2007, Telefónica y Cristina Fernández coincidieron: la primera ingresó formalmente en abril en el accionariado de Telecom Italia; ella, en tanto, asumía la presidencia en diciembre, sucediendo a su esposo, Néstor Kirchner. El particular estilo de los Kirchner -acostumbrados a poner delante sus intereses y el de sus amigos- no puso reparo al ingreso español en el capital italiano y nada le interesó la irregularidad generada con ese ingreso en términos de competencia en el país. Solo se dispuso que el grupo español no participara en las discusiones del consejo de administración de Telecom Italia en las que se hablara de Argentina. Un gesto elocuente: El amigo puede violar las reglas pero no es conveniente la exageración o exposición del exabrupto.
Si bien la venta fue comunicada por Telecom Italia, aún debe ser aprobada por la Secretaría de Comunicaciones en la Argentina. ¿Un obstáculo? Absolutamente no. La Secretaría de Comunicaciones es, en la actualidad, una suerte de escribanía en la que siempre son bienvenidos los amigos de la presidente. Como son los otros organismos por las que podría llegar a ser examinada la fusión pretendida, entre ellas Competencia, por ejemplo.
TELECOM, GÉNESIS DE UNA BATALLA
Telecom Argentina figura en la crónica negra como el gen que ninguno de los protagonistas acepta como válido. Dicen que fue una obsesión para Néstor Kirchner en su tramo de presidente. Aseguran que era un bien preciado para Clarín, necesitado de completar su oferta triple play, cuando ya era líder indiscutido en televisión por cable y en la oferta de banda ancha. Lo de la obsesión de Kirchner por los bienes materiales y estratégicos está bien registrado por el periodismo serio de Argentina. Lo de Clarín y su interés por Telecom tiene sustento. La inversión para desplegar telefonía fija implicaba inversiones demasiado grandes e inciertas pues significaba pelearle terreno a un duopolio siempre favorecido por el Poder.
El diario argentino La Nación trae a la actualidad el empeño puesto por el Gobierno para meter una cuña que lo representara en el corazón de la operadora telefónica.
“Telecom Argentina fue una de las grandes obsesiones empresariales de Néstor Kirchner. Se podría decir que lo fue tanto o más que el control del Grupo Clarín y peleándole en relevancia a YPF, ´argentinizada´ por medio del grupo Esquenazi antes de ser intervenida y expropiada. Kirchner libró una dura batalla administrativa, judicial y discursiva por las acciones de la empresa argentina de Telecom Italia (controlada indirectamente por Telefónica desde 2008). El secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, fue uno de los soldados de aquella pelea, que duró hasta 2010 e involucró al accionista minoritario, el grupo Werthein, también enfrentado judicialmente a ´los ítaloespañoles´ por aquel entonces. El ministro de Planificación, Julio De Vido, llegó a amenazar con ´estatizar´ la empresa si no era vendida a algún empresario local. Los nombres de los candidatos fueron aportados por el propio Gobierno: Eurnekian-Gutiérrez, Moneta-Garfunkel, Román... En aquella época eso era argentinizar", cita el artículo del periódico nacional, el segundo en importancia después del Diario Clarín.


Kirchner cerraba su capítulo presidencial en 2007, mientras Clarín esperaba ansiosamente la aprobación de la secretaría de Competencia, es decir la firma de Kirchner, para asumir el control formal de Cablevisión y conformar, tras la fusión con su cableoperadora controlada, Multicanal, la mayor operadora de Argentina y la segunda más grande de América Latina. De hecho, ya la operación conjunta funcionaba, sin que nada la perturbara, como lo prueba una nota enviada a la Bolsa por Clarín, fechada en setiembre de 2006, citada por el Diario Perfil, en la que se expone textualmente:
• Arte Gráfico Editorial Argentino (AGEA) y Grupo Clarín S.A “cedieron” la totalidad de su paquete accionario de Multicanal a Cablevisión S.A.
• A la vez, el fondo Fintech Energy, que encabeza el inversor David Martínez, vendió a Cablevisión su tenencia de acciones que recibió de Multicanal. De ese modo, Cablevisión tiene ahora el 98,2% de las acciones de Multicanal.
• Multicanal compró a Primera Red Interactiva de Medios Americanos (Prima) Internacional S.A. el 100% de Prima Argentina.
• Cablevisión informó que Grupo Clarín, en forma directa o a través de dos sociedades (VLG Argentina LLC y Southtel Argentina S.A., en sociedad con Fintech Media LLC) ahora detenta el 60% del capital con derecho a voto.
• Fintech Media LLC, en forma directa y a través de las dos sociedades en común con Clarín) tiene ahora el 40% del capital con derecho a voto de Cablevisión.
• A la vez, Cablevisión S.A. compró Hicks, Muse, Tate & Furst – LA Argentina Cable Company, propietaria de Teledigital Cable S.A., operadora de cable, accionista a la vez en Cablevisión.
La buena relación continúo hasta el acto eleccionario que llevó a la Casa Rosada a Cristina Fernández de Kirchner. Por primera vez en la historia del país, una votación se resolvía a favor de un consorte del presidente saliente. El 7 de diciembre del 2007, cerrando su mandato, Néstor Kirchner firmó el decreto de fusión que terminaba con los cuestionamientos planteados a Clarín por sectores políticos y empresariales por "irregularidad en la unión de las dos principales operadoras de cable del país". El mercado quedó así desvirtuado por la clara posición dominante oficializada por el Presidente. En aquellos días, según el diario más popular, todo estaba bien por sus tierras: las prácticas democráticas, la economía argentina, su relación con el mundo.
Muy poco tiempo después, cuando Néstor Kirchner, sin cargo público asignado, oficiaba de general manager de su esposa, con un peso decisivo en el manejo de la economía, salieron a la luz diferencias entre Gobierno y el medio de comunicación líder. La distancia se hizo un abismo con el correr de los días. Repentínamente, Argentina había dejado de ser un paraíso para el gran medio. Súbitamente, en sus páginas, había realidades impropias de un país que venía creciendo a tasas chinas. Lo que parte de la sociedad argentina crítica e informada ya conocía sobradamente (corrupción, nepotismo, manipulación de jueces, mentiras públicas sobre la marcha de la economía, enriquecimiento de los empresarios amigos y funcionales, fronteras abiertas para el crimen organizado, favores incompatibles con la función pública, extorsión a los gobiernos de provincias, sometimiento de los medios de comunicación manipulando la inversión de propaganda pública en ellos, malversación de la caja de jubilados, entre otras muchas irregularidades) comenzó a ser noticia cotidiana en el diario.
La guerra se veía venir, aunque Clarín subestimó por completo al ex presidente. La Nación cita la entrevista que le hizo a Kirchner la televisión pública nacional –un ente reconvertido enteramente a medio de propaganda y de ataque contra los opositores- en donde reconoce el choque de intereses. “Esas acciones… (las de Telecom Argentina) eran deseadas por el CEO de Clarín, Héctor Magnetto, y la negativa del ex presidente a vendérselas -aunque no fuesen suyas- habría sido el comienzo de la disputa por la ley de medios, que involucró a toda la sociedad en los últimos cuatro años y cuyos capítulos están aún frescos en la memoria”.
Todo lo que le siguió a esa pelea es historia cercana. Kirchner le quitó a Clarín el monopolio de las transmisiones futbolísticas en el país, por decreto, un hecho propio de cualquier nación sometida a un régimen tirano. Desde entonces, el Gobierno gasta miles de millones de pesos en sostener emisiones múltiples en directo, en un gran abanico de canales que lo emiten, sobre el fútbol local oficial, algo inexplicable en países desarrollados. Millones y millones de dinero público, sin control de nadie, gastados en entretenimiento de masas y en sostener una actividad de negocios millonarios y de profesionales millonarios, mientras la sociedad, día a día, ve degradada su calidad de vida.
Clarín nunca pensó en una revancha semejante. Como nunca pensó que un gobierno nacional podría llegar a atacarlo a través de una ley, hecha a medida para su fin. El proyecto de ley contra Clarín, un montaje vulgarmente vestido de supuesta reglamentación, se hizo ley finalmente. Néstor Kirchner falleció en 2010. Y la posta de la guerra la tomó Cristina Kirchner. El objetivo del gobierno no se pudo efectivizar de inmediato por la existencia de alternativas cautelares que vinieron frenando el desguace obligado que le exige la ley al mayor conglomerado de medios local. La decisión reciente de la Corte Suprema hizo caer las barreras cautelares, dejándole libre el camino a la administración Kirchner para ejecutar a su rival. Hay, en ese fallo, sin embargo, algunas advertencias al Gobierno que lo deberían frenar en la acometida final. De esas advertencias se agarra por estos días el mayor diario argentino, mientras gana tiempo formal con una propuesta de desguace.
El dictamen del principal tribunal de justicia del país se hizo público en los días que Cristina Fernández de Kirchner guarda reposo por problemas de salud, tras una operación. No se sabe qué pasos dará en esta guerra, apenas reasuma el Poder, la semana entrante; lo que sí se conoce es que en el escenario de confrontación, sus espadas más fundamentalistas esperan la orden.
FINTECH Y LA GUERRA
En esta guerra del Gobierno contra Clarín, David Martínez, el dueño del fondo Fintech, puede jugar un rol determinante. Como controlador del 40% de Cablevisión, la filial del conglomerado Clarín más redituable, y la sostenedora de sus proyectos de negocios más ambiciosos, debe resolver cómo traspasa el porcentaje de forma inmediata. Y la obligación de vender no es porque la Ley de Medios lo obliga, como salió equivocadamente a alertar el titular del Afsca, Martín Sabbattella. El pliego de condiciones que dejó a Telecom y a Telefónica como únicas prestadoras de las telecomunicaciones nacionales en los noventa es terminante: dice claramente que una telco no puede ingresar al negocio de televisión, ni abierta ni de pago. Y la limitación no tiene vencimiento. Es decir tiene plena vigencia. Y por tener plena vigencia precede en cumplimiento a la nueva reglamentación de medios. Esto explicaría la presentación que hizo Fintech ante el Afsca, aceptando la imposición de adecuar a la ley la parte que le corresponde en Cablevisión, en total disonancia con el controlador del MSO. Clarín puede quitarse de encima al fondo socio aduciendo que al controlar una de las dos telcos monopólicas, no puede continuar como socio.
ESCENARIO PROYECTADO A CORTO PLAZO
-Conociendo el carácter de la Presidente, el Gobierno irá por Clarín; no se detendrá en las formas. Ni en los límites impuestos por la Corte. El tiempo la apremia: Le quedan sólo dos años en la Casa Rosada.
-La jugada de seis puntas del conglomerado parece destinada a un locker en el Afsca: lo que se le permite a los otros, no califica para Clarín, entenderán sus autoridades. Y le buscarán la mosca en la sopa a la propuesta de desguace.
-La compra de Telecom debería dejar sin Cablevisión a Martínez en el corto plazo. Y al gobierno sin un jugador potencialmente estratégico dentro de Clarín. ¿Qué tienen en mente? ¿Tiene un empresario candidato o favorito ese 40%? ¿Clarín queda en condiciones de elegir al comprador del porcentaje o el as decisivo lo tiene David Martínez? Los interrogantes se irán develando en las próximas semanas.





