

Paradójica disputa: dos ejecutivos con un mismo país de origen se encuentran confrontando por el máximo liderazgo de la institución deportiva que organiza el evento que mayores ganancias genera por derechos televisivos a nivel mundial. Su país de origen, en tanto, dueño de una de las ligas profesionales de clubes más atractivas del planeta, ni siquiera clasifica para disputar el evento que organiza esa institución deportiva.
Resulta interesante observar cómo dos italianos se disputan el control de la FIFA, la federación internacional de fútbol. Uno, desacreditado presidente en funciones, es el italo-suizo Gianni Infantino. El otro, el aspirante, es el italo-canadiense Vittorio (Victor) Montagliani, quien también es vicepresidente de la FIFA y presidente de la Concacaf, la confederación de fútbol de Norteamérica y el Caribe. Ambos dominan el italiano (y hablan inglés y francés).
Esta batalla se libra mientras la selección italiana ni siquiera clasificó para la Copa Mundial de la FIFA 2026. Si bien la exclusión de la selección italiana se considera un asunto interno que refleja los intereses financieros de los dueños de la Serie A, la primera división italiana (uno de los torneos de clubes más valiosos en cuanto a derechos televisivos), la lucha interna corporativa en la FIFA se percibe simplemente como una disputa filosófica entre dos bandos: quienes ven el fútbol (en EEUU y Canadá) como una oportunidad para ganar dinero frente a quienes lo ven como una institución social.
Desde una lógica comercial, los partidarios de Infantino son algunos equipos sudamericanos, agrupados bajo la Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol), y algunos de la Confederación Asiática de Fútbol (que incluye a países árabes), así como la Confederación Africana de Fútbol.
En el plano institucional se encuentran la UEFA (Confederación Europea de Fútbol) y la Concacaf. Las 55 asociaciones de la UEFA y los 41 miembros de la Concacaf no cuentan con los votos suficientes para destituir a Infantino como presidente de la FIFA (se requieren 106 votos de 211), pero la UEFA y la Concacaf están forjando alianzas activamente, y Víctor Montagliani (anteriormente considerado como candidato para 2031, pero ahora decidido a postularse de inmediato) podría cambiar la postura de la Conmebol respecto a Infantino.
Giovanni (Gianni) Vincenzo Infantino, de 56 años, nacido en Brig, al sur de Suiza, hijo de inmigrantes italianos (de las regiones de Calabria y Lombardía), es presidente de la FIFA desde 2016. Anteriormente, fue secretario general de la UEFA desde 2009.
Vittorio Montagliani, de 61 años, nació en Vancouver, Canadá, hijo de inmigrantes italianos (de la región de Abruzzo). Se convirtió en presidente de la Concacaf y vicepresidente de la FIFA en 2016.
Además de la privatización del fútbol mundial, Infantino ha sido criticado por introducir pausas para hidratación (para añadir más tiempo publicitario a los partidos televisados) y un espectáculo en el descanso, por anular la tarjeta roja (expulsión) de un jugador estadounidense tras la "influencia" del presidente estadounidense Donald Trump, por otorgarle a Trump un premio de "paz" inventado y por pagar una indemnización por despido a una supuesta examante.
En la foto, Gianni Infantino y Vittorio Montagliani.
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Italians Battle for FIFA's Title, Not the Cup
It is interesting to see how two Italians are battling for control of FIFA, the international football federation. One, the disgraced incumbent president, is the Italian-Swiss Gianni Infantino. The other, the challenger, is Italian-Canadian Vittorio (Victor) Montagliani, who's also FIFA's vice president and president of CONCACAF — the North American and Caribbean football confederation. Both are fluent in Italian (and speak English and French).
And this battle is going on while Italy's national football team did not even qualify for FIFA's 2026 World Cup. But while the Italian team’s exclusion is viewed as a domestic issue reflecting the financial interests of Italy's premiere league, Serie A, owners, the corporate in-fighting at FIFA is looked at purely as a philosophical play between two camps — those who see football (soccer in the U.S. and Canada) as a money-making opportunity vs. those who see it as a social institution.
For the commercial logic, Infantino’s supporters are some of South America's teams, grouped under CONMEBOL, the South American football federation, and a few of the teams under the Asian Football Confederation (which includes Arab countries), as well as the Confederation of African Football.
On the institutional logic side are UEFA, the European football federation, and CONCACAF. UEFA's 55 associations and CONCACAF's 41 members lack the numbers on their own to oust Infantino as FIFA president (106 votes out of 211 are required), but UEFA and CONCACAF are actively building alliances, and Victor Montagliani (previously earmarked as a 2031 candidate but now determined to run immediately) could change CONMEBOL's stance on Infantino.
The 56-year-old Giovanni (Gianni) Vincenzo Infantino was born in Brig, south of Switzerland, to Italian immigrants (from the Calabria and Lombardy regions) and he has been FIFA president since 2016. Previously he served as UEFA'a secretary general from 2009.
The 61-year-old Vittorio Montagliani was born in Vancouver, Canada, to Italian immigrants (from the Abruzzo region). He became CONCACAF's president and FIFA’s vice president in 2016.
In addition to the privatization of the world’s football, Infantino has been criticized for introducing hydration breaks (to add more TV commercial time to televised matches) and a half-time show, for rescinding a red (expulsion) card from an American player following "input" from U.S. president Donald Trump, for giving Trump a made-up "peace" prize, and for giving severance pay to a reported former lover.





