Señales
A. Latina
The Daily
Mar18,2020

La producción original del canal A&E, A&E Investiga, el seriado con episodios especiales dedicado a historias que han tenido y tienen impacto en las sociedades contemporáneas, está estrenando el 23 de marzo en América Latina, en horario central, 'Viviendo en pecado: al interior de un reformatorio'.
Se trata de un especial documental de una hora en el que tres ex-alumnas de una escuela religiosa de Indiana comparten sus desgarradoras experiencias sobre el maltrato físico y emocional que aseguran haber vivido en la institución de Winona Lake, Hephzibah House, y cómo están embarcadas en una lucha por superar ese trauma, confrontar los abusos que sufrieron y finalmente lograr justicia.
LA HISTORIA
Mary, Susan y Sarah, son tres ex residentes que formaron parte del Hephzibah House durante distintas épocas. Cada una presenta testimonios resonantes en contra del reformatorio religioso que en la actualidad, por las leyes de Indiana, no está regulado por el Estado como institución educativa. En este especial, las tres mujeres encaran la misión de sortear el trauma, amplificar los abusos y, ante todo, alertar sobre el peligro que representa una institución que permanece abierta pese a las evidencias presentadas. Fundada en 1971, la escuela opera bajo la autoridad de la Iglesia Bautista de Creyentes, una de las cientos de pequeñas iglesias que se adscriben a las enseñanzas religiosas del movimiento bautista fundamental independiente.
Los productores del documental entrevistaron a las víctimas que denuncian al reformatorio de Indiana y a distintas autoridades del Estado. Incluyen material de archivo y el testimonio del asistente del director de la institución, Dave Haylman, así como de otra ex alumna que repudia las declaraciones y acusaciones realizadas por Mary, Susan y Sarah.
En 1971, el pastor Ron Williams fundó el Hephzibah House, promocionándolo como un reformatorio para niñas adolescentes con problemas y dificultades y cuyo nombre Hephzibah, alude a “El Señor se deleita en ella”. A comienzos de los años ‘80, el instituto fue acusado por situaciones de abuso mental y físico por parte de sus autoridades e integrantes. La rigidez de las leyes vigentes, en lugar de facilitar la tarea para las muchas investigaciones realizadas con el fin de constatar irregularidades, blinda a estas escuelas que operan con poca o sin regulación alguna.
En 1982, luego de las denuncias, desde el Hephzibah House emitieron un comunicado asegurando que las acusaciones eran “perversas y calumniosas” y que “no se hizo nada malo”. En 2011, desde el reformatorio volvieron a defenderse, refutando las denuncias y declarándolas “difamaciones y acusaciones sensacionales con el fin de destruir la institución”. Sin embargo, pese a las diferentes acusaciones y nuevamente debido a las exenciones religiosas por las leyes estatales, los organismos regulatorios y la policía no tuvieron la habilidad o el sentido común para intervenir.
“Estuve desde febrero de 1981 hasta julio de 1983” en el reformatorio, cuenta Susan, una de las denunciantes. “Mis padres me pidieron que fuera a Hepzhibah House y yo accedí porque necesitaba ayuda, había problemas en mi familia, y yo en verdad estaba buscando una solución bíblica y cristiana. No esperaba que fuera como fue. Éramos 27 chicas en tres habitaciones con un solo baño. Estábamos una muy cerca de la otra, apretadas. Si te negabas a comer la comida que había, no te daban nada. Hasta que no lo comieras, te lo seguían dando. Para ‘castigarnos’ utilizaban una paleta de madera con el que nos golpeaban con toda su fuerza”.
Muchos años después, concretamente en 2007, Mary tuvo una experiencia similar hasta su huida, en 2009. “Nos obligaban a quedarnos horas en el sótano. No podíamos salir a dar vueltas por ahí y todas las puertas estaban cerradas con llave. Había sensores de movimiento en las ventanas, en el suelo, micrófonos por todas partes. Todo lo que hacíamos estaba monitoreado. Además, teníamos una ficha médica con un ítem que decía ‘himen intacto’ y muchas ex estudiantes declararon que tuvieron exámenes vaginales invasivos y en contra de su voluntad dentro de uno de los vestidores de la escuela. Había un miembro de la familia que me acosaba. Nunca abusó de mí, pero siempre me hacía preguntas sobre mi sexualidad. Yo confesé que este hombre era perverso y que me hacía estas cosas. Pero nadie me escuchó. Así que terminé escapándome”.
Finalmente Sarah (2004-2008 en la institución), que llegó a ser compañera de Mary, describe: “Fui adoptada a los cinco años y medio cuando mis nuevos padres estaban en sus cincuentas. A mis 12 años ellos estaban algo grandes, creo, para lidiar con mi adolescencia. Después de diferentes problemas, tuve la opción de ir a un colegio pupilo. Realmente no teníamos idea de cómo sería la escuela, pero en ese momento yo entré con una gran esperanza porque había otras chicas, de mi edad, con quienes podría hablar”. Y descarga: “Durante la primera semana no se me permitió hablar con nadie, estar con nadie, ni compartir nada con nadie. Eso pasó durante tres años y medio. A veces nos hacían tomar un vaso de agua lleno, pero no nos dejaban ir al baño hasta que ellos dijeran que podíamos ir. La mayoría de las chicas trataban de aguantarse”.
Empero, desde la escuela, otra ex alumna, repudia en este documento las declaraciones de Mary, Susan y Sarah, aclarando que todo lo que sucedía en el Hephzibah House formaba parte de la estricta estructura y disciplina común en escuelas similares para adolescentes con problemas.
El asistente del director del Hepzhibah House, Dave Halyaman, quien luego de varios intentos con la institución accedió finalmente a una entrevista fuera de cámara, discute muchas de las acusaciones hechas por las mujeres que aparecen en este especial, justificando las experiencias que ellas vivieron como parte de la disciplina y educación del reformatorio. “Teníamos chicas que hacían pis directamente sobre el piso, pero si lo hacían a propósito o era por incontinencia entonces se les requería que usaran pañales. Ellas no sentían vergüenza alguna”.
Además, Lucinda, una estudiante del colegio durante los años ‘80 que fue recomendada por el Hephzibah House para una entrevista, también disiente con muchas de las declaraciones que realizan estas mujeres. “Yo creo que ellas fueron traumatizadas, sin dudas. Yo fui abandonada a los tres años, violada a la edad de cinco y golpeada tan severamente que me dejaron los huesos rotos. En Hephzibah House no tuve que preocuparme por si iba irme a dormir con hambre, o si iba a ser golpeada. Allí creían en las chicas jóvenes, en el bien y el mal”. Y disiente con las declaraciones de las mujeres argumentando que “nos daban la opción de esperar al recreo para ir al baño o, si no podíamos contenernos y hacíamos nuestras necesidades ahí en el piso, nos ofrecían pañales. Pero nos daban esa opción. Sí, es cierto que se usaba la paleta de madera, porque no podían usar su mano porque eso era considerado algo sexual”.
Actualmente, las tres ex-alumnas pugnan, unidas, por justicia para ellas y para las otras chicas que vivieron y viven sus mismos abusos. “Ron Williams es un monstruo. Está muy orgulloso de lo carismático que es y es un gran vendedor. Lo que más me importa que la gente sepa sobre este lugar es que hay chicas jóvenes, chicas, que están siendo dañadas, que sufren métodos psicológicos que se usan sobre ellas, daños físicos sobre ellas”, concluye Susan.





